quinta-feira, 5 de novembro de 2026

 

Biracora

5  de  noviembre  de   2026


Es  mi  bitacora   onirica   de  hace   años  atras  de  mi  diario d e  sueños;



Edicion  de  la  ia


Mas  que  edicion   ella  re-  escribio  mi  sueño  de  acuerdo  a  su  criterio.  Mi  observacion. El  elemento  emocional  si  es  mio.  

Y  fue  un  sueño  desconcertante  para  mi


Tomando como base el registro de aquel sueño donde una gata azul ruso guía tus pasos hasta la casa ajena y el patio trasero, donde el desagüe de la lluvia devuelve cristales rotos del pasado, aquí tienes otra adaptación con el mismo tono íntimo y reflexivo para la bitácora:

El secreto de los desagües: Cuando el agua devuelve el pasado

Hay noches en que los sueños no buscan el gran escenario ni los pasillos formales, sino que descienden a los patios traseros, a esos rincones estrechos donde el agua de la lluvia busca un cauce.

A veces entramos en terrenos ajenos siguiendo el paso sigiloso de una gata —esa criatura de pelaje gris azulado que parece conocer los atajos de la intuición mejor que nosotras mismas—. Así fue aquella vez en la casa de aquel anfitrión de modales calculados, donde el sueño pareció tender una trampa silenciosa en la planta baja.

El sumidero y los tesoros devueltos

En el patio estrecho, junto al desagüe pluvial, lo inesperado ocurrió: la rejilla se levantó y la corriente comenzó a devolver objetos de cristal. Piezas quebradas que el tiempo creía sepultadas. Al agacharme y tomar entre las manos la jarra trabajada de mi madre, los vasos fragmentados y los ceniceros pesados, una certeza me atravesó: el agua siempre nos devuelve lo que nos pertenece.

Nos enseñan que los cristales rotos pierden su valor, que son desechables por más delicados y hermosos que hayan sido. Sin embargo, en el territorio onírico las reglas del desecho se desarman. El vidrio es reutilizable; lo que se quebró puede fundirse de nuevo, transformándose en otra cosa.

Limpiar los vidrios de otros

Lo curioso de aquel trance no fue solo reencontrarme con los fragmentos de la infancia y la adolescencia, sino la trampa sutil del rol que asumimos. Me encontré queriendo limpiar, rescatando los cristales para que nadie más se lastimara, sintiéndome responsable de un desorden que no era mío.

Es un viejo reflejo del alma: creer que debemos cargar con los vidrios rotos que otros dejaron caer en el camino. Pero la revelación llega cuando la emoción se aquieta y el razonamiento despierta: uno no está obligado a limpiar eternamente lo ajeno. El agua devuelve los restos, sí, pero decidir qué hacer con ellos —o dejar que cada quien levante su propio desorden— es el verdadero acto de lucidez.

Al final, el sueño funciona como un espejo implacable: nos recuerda que las emociones pueden engañarnos por un instante, pero la conciencia siempre encuentra la forma de poner cada fragmento en su sitio.



Conclusion

Este  sueño  fue  liberador  porque  los  cristales  rotos  no e ran  mios.  No e ra  mi  responsabilidad. Y  los  dueños  de  esa  casa  no  querian  saber.  De  la  filtracion  de  agua,  ni  de  los  cristales.
Me s enti  liberada  al  saber  que  podia  irme  y  realizar  lo  que  deseaba  emprender
Me  senti  mas ufana  saliendo  de la  casa  y  tomando  un  tren  hacia  donde  queria  empezar  de  nuevo.